El error Berenguer

Su autor, José Ortega y Gasset, nacido en Madrid en 1883, fue un filósofo y ensayista español perteneciente al movimiento del Novecentismo. Nacido en el seno de una familia de la alta burguesía vinculada con el periodismo (su abuelo había fundado el periódico El Imparcial y su padre pasaría a dirigirlo años más tarde) se educó en un ambiente culto vinculado al mundo del periodismo y la política. Finalizará sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid, a pesar de haberlos comenzado en la Universidad de Deusto, Bilbao. 

Doctor en filosofía, viajará por toda Europa e irá absorbiendo las distintas corrientes culturales. Colaborador del diario El Sol desde 1917 será allí donde publica, en forma de folletones, sus dos obras más importantes, España invertebrada y La rebelión de las masas. Años más tarde, en 1923 fundará la Revista de Occidente, de la que será su director hasta el comienzo de la contienda bélica española, momento tras el que se exiliará y acabará fijando su residencia en Lisboa, tras el paso por París, Países Bajos y Argentina. Aunque a partir de 1945 su presencia en España fue constante será en Alemania donde obtenga el reconocimiento que merecía. 

En su artículo, El error Berenguer, publicado el 15 de noviembre de 1930 en la primera página del diario El Sol, a dos columnas, critica la llegada al poder de Dámaso Berenguer, tras la dimisión de Miguel Primo de Rivera. Berenguer establecería la conocida como “dictablanda” y Ortega y Gasset, en el texto que nos ocupa, acusa a la monarquía de despreciar al pueblo y no considerar su deseo de establecer otro tipo de régimen. Al no oponerse el Rey a los nombramientos que siguieron a la dimisión de Primo de Rivera, se entendió que la monarquía secundaba la dictadura y este sería su fin. Alfonso XIII acabaría teniendo que exiliarse y en España se proclamaría la II República. 

Mediante un estilo literario ágil pero severo, el filósofo insta al pueblo español a reconstruir el Estado sobre nuevas bases democráticas, con su ya histórica frase: “¡Españoles, vuestro estado no existe! ¡Reconstruidlo! Delenda est Monarchia”.

Casasús afirma en su libro que ha sido José Ortega y Gasset el más célebre de los periodistas españoles del siglo XX. 

Retirarse a tiempo. No al general De Gaulle

Rafael Calvo Serer, intelectual y escritor español es nuestro último autor en este análisis de los textos más importantes del periodismo. Se trata del primer catedrático de Historia de la Filosofía española y Filosofía de la Historia de España. Nacido en Valencia en 1916 tuvo una vida siempre muy cercana al periodismo. 

Miembro del Opus Dei contrario a la dictadura franquista, se incorpora en el año 1966 al diario Madrid donde publicará el artículo objeto de estudio Retirarse atiempo. No al general De Gaulle. Publicado en el año 1968 y en tercera página consigue burlar la censura, que más tarde acabará con el diario, y realiza una crítica a Franco comparando la dictadura existente con el gobierno del general francés De Gaulle, presidente de la República Francesa, sin llegar a nombrar al primero a lo largo de todo el artículo. 

Tras la publicación del artículo, el final del diario Madrid no tardaría en llegar. Sin embargo, su posterior exilio en 1971, que terminaría 5 años después, se debió a la publicación en el periódico francés Le Monde de un artículo suyo bajo el nombre Moi, aussi j'accuse, en clara referencia al artículo de Émile Zola publicado en 1898, analizado anteriormente en este mismo trabajo. 

Se honró su labor poniéndole su nombre, durante los diez primeros años, al Premio de Periodismo Diario Madrid, antiguamente conocido como Calvo Serer.
J'accuse ... !

Su autor, Émile Zola fue un escritor francés, considerado como el padre y mayor representante de la corriente literaria conocida como Naturalismo. Nacido en París en 1840, de padre italiano y madre francesa, empezó a trabajar muy joven como dependiente de una librería, tras haber suspendido en dos ocasiones el examen de bachillerato. Sus primeras obras publicadas serían un conjunto de relatos titulados Cuentos a Ninon en 1864. Sus amistades del mundo intelectual y su prolífica obra le configuraron una imagen de hombre ilustrado de letras, inicialmente seguidor del movimiento del romanticismo. Tras sus novelas y obras teatrales comenzó a publicar ensayos, de entre los cuales el más importante será el que analice a continuación, que le costaría su exilio. 

En el ensayo J'accuse... !, publicado originalmente en el periódico L'Aurore en 1898, su autor defendía ferozmente la inocencia del capitán de origen judío Alfred Dreyfus, acusado de alta traición a la patria, concretamente de espionaje, por militares antisemitas. 

El ensayo es, en realidad, una carta abierta dirigida a M. Félix Faure, presidente de la República, en la que Zola da comienzo a una de las campañas de defensa más célebres de todos los tiempos. El caso Dreyfus obligó al capitán a recluirse en la isla del Diablo y solo años más tarde, concretamente en 1906, será reincorporado con todos los honores.

Clemenceau, íntimo amigo de la infancia de Zola, director por aquel entonces del periódico parisino L'Aurore, publicó en primera página J'accuse...! El diario vendió aquel 13 de enero más de 300.000 ejemplares, propiciado por el estilo directo y mordaz de Zola.

Este ensayo no solo supuso un giro en la obra que hasta ese momento había desarrollado el escritor francés, sino también un brusco cambio en su propia vida e incluso en la posterior historia occidental.

Este mismo título sería utilizado muchos años más tarde por Pablo Neruda en su discurso tras la aprobación en Chile de la conocida como Ley Maldita



A lo largo de los años se han escrito textos que han sido en sí mismos piezas indispensables de la memoria. Pedazos de historia, de pensamiento y buen hacer, que escritores y periodistas cuyo nivel profesional está solo al alcance de unos pocos genios de la pluma han dejado como legado para la historia del periodismo.

Textos que influyeron en la marcha de su tiempo, reivindicaciones, reclamos, críticas soberbias, narraciones magistrales que perdurarán para siempre impresos con la mejor tinta imborrable, la de la memoria.

Josep María Casasús recopiló en un libro publicado en 1994 bajo el nombre de Artículos que dejaron huella 18 textos magistrales (entre los que también se incluye algún reportaje y una entrevista) que obtuvieron el reconocimiento de crítica y público en el momento de su publicación. Este libro se ha convertido hoy en día en bibliografía indispensable para cualquier facultad de periodismo por su gran utilidad y mejor prosa.

De entre los 18 textos seleccionados por Josep María Casasús, cuatro son los artículos que considero imprescindibles, tanto por su contenido como por los autores de los mismos, así como por la impresión que causaron en el momento de su publicación. 

Estos cuatro textos irreemplazables son, Vuelva usted mañana de Larra, J'accuse ... ! de Zola, El error Berenguer de Ortega y Gasset, y el más contemporáneo de todos, Retirarse a tiempo. No al general De Gaulle, de Calvo Serer.

Durante estos días, las reflexiones sobre estos textos llenarán el blog con pequeños pedazos de historia que los genios de la pluma dejaron para nuestro deleite.

Y, sin más dilación... empecemos con Larra.

Vuelva usted mañana

Su autor, Mariano José de Larra, periodista, político y escritor, nacido en Madrid en 1809 se vio obligado a exiliarse junto a su familia durante 9 años. A su vuelta, finalizaría sus estudios para comenzar a dedicarse al periodismo a la edad de 19 años. Casado a los 20 se suicidaría antes de cumplir la treintena, pero tendría una juventud prolífica. En apenas ocho años escribió más de 200 artículos, uno de los cuales analizaremos a continuación, dejándonos magníficas reflexiones y críticas. Sería el principal exponente de una necesidad de aperturismo de la sociedad española de la época, un luchador ideológico cuyo nombre perdurará para siempre en la historia como uno de los más grandes periodistas de todos los tiempos. 

En su artículo Vuelva usted mañana, escrito en el año 1833 bajo el pseudónimo de “El pobrecito hablador”, uno de los utilizados por Larra junto con otros como “Fígaro”, “Duende” o “Bachiller”, Larra realiza una severa crítica social sobre el pecado capital de la pereza, como algo propio de sus compatriotas españoles, señalando la constante resignación a la que deben acogerse los ciudadanos al lidiar con la Administración pública y sus constantes abusos.

En una combinación de sátira, humor, ingenio y excelente retórica plantea la mala imagen que estas actitudes transmiten a los visitantes extranjeros y el perjuicio que estas acciones tienen para la buena impresión del país. Es este quizás el artículo periodístico más popular de cuantos han sido publicados en lengua castellana.
Términos como “Trending Topic”, “Hashtag”, “Retweet” o “Unfollow” parecen hoy parte de nuestro vocabulario, como si siempre hubiesen estado ahí. Damos por hecho que todo el mundo sabe a qué nos estamos refiriendo cuando comentamos el “Trending Topic” de ayer o de hace una hora. Nada más lejos de la realidad. Tan evidente como que no todo individuo sobre la faz de la tierra tiene una cuenta de Twitter, es el hecho de que no todo individuo es conocedor del significado de estos nuevos términos que han irrumpido con fuerza durante los últimos años. 



El debate político del pasado lunes nos ha dejado algunas pruebas que parecen revelar que ni siquiera el hecho de contar con una cuenta en Twitter te hace conocedor del correcto significado de estos términos y lo que ellos implican.

Tras el debate llegaron los ridículos análisis de unos y otros, explicando quién había ganado y qué lo hacía merecedor de tal resultado. Llamó mi atención especialmente una de las explicaciones que hacía referencia a esta red social en particular.

Un político afirmó que un “Trending Topic” es mejor que una encuesta, porque no tiene “muestras”. Partiendo de la base de que el término “Trending Topic” hace referencia a un tema que en un determinado momento es tratado por un gran número de personas de forma simultánea en sus cuentas de Twitter, esta afirmación llevaría implícita otra: Todo español (en este caso particular) es propietario de una cuenta en la citada red social. Solo en ese caso la afirmación sería cierta, pues que no exista una muestra quiere decir que se analiza al conjunto de la población.

O bien el desconocimiento propio o el afán por aprovecharse del desconocimiento ajeno lleva a algunos de nuestros políticos a realizar afirmaciones falsas que gran parte de la población no puede rebatir, por desconocer a qué se está haciendo referencia.

Otra de las perlas sobre Twitter se refería al número de menciones que uno y otro habían acumulado durante el debate y los momentos previos al mismo. Concretamente se afirmaba que el político que más menciones había acumulado era, por tanto, el que se había proclamado ganador del debate. De nuevo el desconocimiento puede hacer pensar que una mención puede ser indicador de algo concreto, sin embargo, cualquier usuario de Twitter puede mencionar a otro con independencia de si dicha mención incluye un contenido positivo o negativo sobre la persona mencionada.

En definitiva, tan malo es hablar de lo que no se sabe como intentar “colársela” a aquellos que por desconocimiento no pueden rebatir lo dicho.
Una de las noticias más comentadas durante los últimos días ha sido la impresionante demostración de levitación cuántica que la Asociación de Centros de Ciencia y Tecnología muestra en un vídeo que ya ha logrado en youtube más de seis millones de reproducciones.


La demostración, realizada por expertos de la Universidad de Tel-Aviv muestra cómo campos magnéticos atrapan de forma rígida materiales superconductores, de forma que mantienen, sin fricción, la distancia con el cuerpo que genera el campo. Lo más curioso del vídeo es probablemente observar cómo el objeto sigue conservando la posición concreta en la que se le sitúe.

Esta y otras demostraciones tuvieron lugar en la conferencia anual de la ASTC, celebrada del 15 al 18 de octubre en el Centro de Ciencia Maryland en Baltimore, Estados Unidos.